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segunda-feira, 31 de março de 2014

Un DC-3 desapareció misteriosamente en España hace 34 años sin dejar rastro

Al desembarcar en Barcelona nos asustamos porque el [avión] Douglas DC-3 no había llegado. Pedimos información a [la torre de control] de Zaragoza y nos dijeron que el avión había despegado [el 3 de octubre de 1980 del aeropuerto madrileño cívico-militar] de Cuatro-Vientos media hora después de nuestra salida. Ya sosegados, decidimos cenar en Barcelona (…)”. Wal Davis, que voló hasta El Prat (Barcelona) en un avión Cessna, era el encargado de filmar en vuelo, para un documental, al DC-3 y a otro avión histórico de transporte, unJunker JU 52 que hacía el mismo recorrido.
 A la mañana siguiente Wal Davis supo que el avión al que esperaba había desaparecido sin dejar rastro. “Se llamó a Zaragoza” y dijeron “que ningún DC-3 había cruzado su espacio aéreo”, dijo. “Se obtuvo la misma respuesta en todas partes”, relató Davis a la prensa. Empezó entonces una búsqueda del aparato que no dio resultado. Treinta y cuatro años después la suerte del DC-3 sigue siendo un enigma. “Los casos de desaparición de aeronaves, se ven rodeados del misterio que produce la falta de datos”, reza en sus conclusiones el informe técnico español sobre aquel suceso.
No solo en los cielos de Asia se evaporan aviones, como el Boeing 777 de Malaysian Airlines con 239 pasajeros y tripulantes a bordo, sino también en los de España. Un tercio de siglo después Stephen Whitaker, uno de los nueve hijos del piloto de aquel DC-3, sigue peleando en los tribunales de EE UU para tratar de esclarecer qué sucedió con aquel vetusto aparato a cuyos mandos estaba su padre, Harold William Whitaker, de 61 años, un militar estadounidense jubilado. El copiloto era Lawrence Jerôme Eckmann, de 35 años, padre de cinco hijos, teniente coronel del Ejército del Aire norteamericano conocido por sus habilidades conduciendo helicópteros.
RUTA DEL AVIÓN.  / MARIANO ZAFRA / EL PAÍS
El DC-3 matrícula ECT-025 fue comprado por 900.000 pesetas (5.409 euros) en una subasta, en 1979, al Ejército del Aire español por la empresa alemana Kurfiss Aviation, hoy en día disuelta. La dirigía Günter Kurfiss, un personaje extravagante del que la prensa alemana publicó fotos, en los años setenta, adquiriendo otro DC-3 a unos generales de Ouganda por 18.000 dólares (13.600 euros) y cinco cajas de whisky. En diez meses, entre 1980 y 1981, cuatro de los DC-3 de Kurfiss Aviation se estrellaron o desaparecieron con 14 tripulantes.
Günter Kurfiss contrató a Harold Whitaker y Lawrence Eckmann para que, tras repararla, trasladasen a la vieja aeronave –había sido fabricada en 1944- de Cuatro Vientos hasta el aeropuerto de Frankfurt. Allí había montado Air Classik, un museo estático del aire.
Pese a los arreglos, el aparato “no reunía las condiciones más adecuadas para los vuelos tal y cómo se realizan en la actualidad”, reconoce el informe de la Comisión de Investigación de Accidentes de Aviación Civil (CIAAC) española. “Dado el fin que se destinaba la aeronave [museo], se le concedió un certificado de aeronavegabilidad restringido (...)”, añade en su informe.
Con prisas para alcanzar el Cessna, desde donde Davis debía filmar al DC-3, y para evitar volar de noche, el comandante Whitaker despegó a las 15h.29 de Cuatro Vientos sin autorización y por una pista no adecuada. A bordo solo le acompañaba Eckmann. Su primera escala era Perpiñán, según la CIAAC, y no Barcelona, como dijo Davis. Las condiciones meteorológicas eran buenas excepto en la provincia de Lleida donde había “calima con baja visibilidad vertical”.
Nada se sabe de lo que le sucedió avión tras despegar de Madrid si se exceptúa que una avioneta Piper PA-28 comunicó a la torre de control que se desvió para evitar colisionar con un DC-3 a la altura de Villaviciosa de Odón (oeste de Madrid). “Se desconoce totalmente lo ocurrido”, recalca la CIAAC. Whitaker y su copiloto no mantuvieron ningún contacto radiofónico con la torre de Cuatro Vientos ni con el Cessna y el Junker, a los que debían alcanzar en el aire, “pese a que habían acordado comunicarse en la frecuencia 135.90”.
“La posible desorientación, unida a la falta de ayudas para la navegación, pudo originar el accidente, y al no haberse encontrado restos de la aeronave, es posible que cayera al mar, hundiéndose”, concluye la investigación española. De hecho un Aviocar del servicio de salvamiento del Ejército del Aire y un helicóptero del escuadrón 803 rastrearon la costa catalana entre Barcelona y la frontera francesa. Pero el silencio radiofónico hace sospechar que el avión pudo caer en cualquier otro lugar.
Stephen Whitaker, el hijo del piloto, entiende que tanto misterio puede tener otra explicación: la empresa Kurfiss “compraba aviones y contrataba tripulaciones para vendérselas a la CIA” para sus operaciones encubiertas, según cuenta desde su casa de Montpelier en Vermont (EE UU). Lleva años trabajando en esa línea de investigación en España y, sobre todo, en EE UU. El DC-3 ha sido uno de los aparatos preferidos de la inteligencia estadounidense para sus operaciones secretas. Pese a su vetustez ha sido todavía utilizado en 2011 en Libiaen 2011 para ayudar a los rebeldes que luchaban contra el régimen de Moamar el Gadafi.
A las autoridades españolas, Stephen Whitaker les ha solicitado, desde enero de 2008, todo el expediente (libros de mantenimiento de la aeronave, trazas de radar, certificados etcétera) que se consultaron durante la investigación. Hasta ahora le han sido denegados por la vía administrativa al no haber aportado él “nuevos datos” que obliguen a reabrir la investigación.
En su país hace ya un par de años que Whitaker optó por la vía judicial después de que varios organismos públicos rechazasen sus peticiones. Invocando la ley de transparencia estadounidense (FOIA) ha reclamado a la CIA, y también al Pentágono y al Departamento de Estado, que le proporcionen todo lo que contienen sus archivos sobre el DC-3 que pilotaba su padre y sobre los otros tres aparatos similares de Kurfiss Aviation que sufrieron accidentes esos mismos meses.
La semana pasada, dos días después de la desaparición del vuelo de Malaysian Airlines, el juez de distrito Colleen Kollar-Kotelly le dio parcialmente la razón. Afirmó en su sentencia que la CIA había invocado abusivamente algunas de las exenciones previstas en la FOIA para negarse a buscar la información solicitada por Whitaker. “Ahora estoy buscando a un buen abogado español, no muy caro, que sepa del derecho de acceso a la información, y que me ayude a conseguir una copia de todo el material recopilado” para llevar a cabo la investigación en España, anuncia.


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